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Paul Spooner

Paul Spooner nació en Preston en 1948, y demostró un gran interés por la mecánica desde niño. Cursó arte y diseño y se esecializó en escultura mecánica en 1969. No fue hasta 1981 cuando hizo su primera versión mecánica del dios egipcio Anubis.

En los siguientes dos años realizó pequeñas máquinas que se vendieron en tirada limitada gracias a Cabaret, organización que pasó a llamarse Cabaret Mechanical Teatre en1983.  Desde 1986 Paul colabora con Matthew Smith en el diseño de pequeñas series, que siguen a la venta gracias a Matthew bajo el nombre de The Fourteen Ball Toy Co.

Desde 1989 su obra ha sido expuesta en los museos de ciencias, y ha trabajado con Louis Vuitton en un grupo de figuras animadas que apareció en 1995 bajo el nombre de el luggage maker. Su programa de televisión, Mechanisms, fue emitido por Channel 4 en 1995.

Su trabajo combina el humor y una obsesión por cuidar los detalles con un complejo entramado mecánico.

“My work as an artist / mechanic amounts to a constant pursuit of elegance and simplicity. I haven’t caught up with either yet because I don’t know how to finish things. Except sometimes. And even then I’m not sure.”

Podéis ver algunos de sus trabajos aquí.

Ir al Parque de las ciencias de Granada no sólo es ver cientos de carteles que vienen a decir que las cosas no funcionan, también es sorprenderse con una exposición sobre los autómatas. Destaco el trabajo de este hombre en concreto porque su obra estaba cargada de humor e ironía, plagada de detalles cuidados y referencias a otros mundos como la pintura o la mitología que hacían que destacara sobre el resto. No obstante, la sala de exposiciones albergaba auténticas joyas que desvelaré otro día.

Ponme Fin

Casting Ponme fin

Portada1234CentralContraportadaPrego!

Sueños

Anoche fui una asesina en serie. Mis párpados reflejaban un universo oscuro, lleno de sombras y pecados, en el que un error hizo que una niña muriera por mi culpa. Un incidente que despertó en mi interior un ansia por poseer y destruir vidas, por eliminar aquello que no entendía o molestaba en mi rutina. Mis manos fueron asesinas por un día al quitarle la vida a una anciana enloquecida cuyos gatos me molestaban. Drogué hasta la muerte a un ciclista italiano por haber dado positivo en un control antidopaje, y ahogué a Solbes en una bañera sucia. Mi familia entendía y aprobaba mis ganas de matar. Yo respiraba tranquila y segura de haber hecho lo correcto. Hasta que uno de los gatos de la señora estrangulada escapó de su hogar masticando restos de un cadáver, prueba suficiente para que la policía comenzara a perseguirme. Me precipité por una calle oscura que resultó ser la puerta de salida de este sueño.

Semiconsciente apagué el despertador que había olvidado desconectar. Un par de vueltas en la cama y me había convertido en una muchacha escéptica que, gracias a su curiosidad, acababa siendo cazada por un vampiro. Y no uno cualquiera, si no Lestat, el único personaje de tinta que ha conseguido despertar deseo en mi. Vivíamos en un supermercado alimentándonos de los consumidores despistados, aprovechado el doble techo del edificio como ataud improvisado. La ola de crímenes llamó la atención de la policía, que envió a Claire ( del Resident evil) y a Doakes (de Dexter) acompañados de un pequeño ejército para eliminarnos. Una nueva carnicería terminó con cadáveres uniformados esparcidos entre las estanterías. Claire se salvó porque Lestat y yo nos encariñamos de ella, y por que tenía un forro polar que hacía que no oliera a sangre fresca.

Me encanta recordar lo que he soñado. 🙂

Banda sonora:

Sweet dreams, versión de Marilyn Manson

Divago desde días atrás acerca de la realidad. No consigo comprender hasta que punto lo que veo y percibo es real, o hasta que punto ha sido manipulado por intereses propios o ajenos. Está de moda ser moderno y fingir que nos adaptamos a un tiempo que corre hacia un futuro que, en mi opinión, incluye la destrucción total de la humanidad a manos del asesinado, pero lo que aparentemente progresa sigue estancado en conceptos obsoletos. No olvidéis que muchos siguen aún los pasos marcados por alguien que, supuestamente, vivió hace más de 2000 años. Es una decisión tan respetable como la de vivir según tu propio criterio y cuestionar lo que pretenden imponerte por despecho, así que mejor dejamos de lado esta idea. Lo que realmente me preocupa es que la gente no sea consciente del lugar de dónde procede su formación sobre la vida. Yo he deambulado entre nihilismo, existencialismo y surrealismo, matizando cada opinión con las afirmaciones de cosecha propia que consideraba adecuadas.

Todas mis ideas acerca del sistema real, sobre lo tangible y lo incorpóreo, se remontan en el tiempo hasta los años de la oratoria y el saber. Han pasado cerca de 2350 años desde que alguien formuló lo que hoy supone la estructura interna de mi pensamiento. Platón trazó una descripción detallada de un mundo formado por ideas y sombras. Extrapolando estos conceptos a mis circunstancias, no erraba en sus teorías. El hombre está condenado a vivir una verdad limitada por su propia condición de hombre, aferrado a unos valores que fueron grabados a fuego en un cerebro aún inmaduro. Lo que percibimos con cada aliento no es lo que realmente es, si no lo que nosotros queremos que sea.

Esta verdad que tanto juego a dado a artistas y pensadores me obsesiona. Yo misma soy sólo una sombra proyectada de lo que realmente soy, tanto para los demás como para mi misma, y lo mismo ocurre con mi entorno. Como dijo Greimas, un ser humano está compuesto por lo que sabe que es y muestra a los demás, lo que sabe que es pero que no muestra a los demás, lo que no sabe pero los demás comentan y aquello que ninguno de los implicados en este juego de valores conoce. ¿Viviré eternamente  encadenada a un muro que sólo se dispersa en ocasiones concretas, sin llegar nunca  al conocimiento pleno de mi propia realidad? . Estas circunstancias se tornan realmente desagradables.

Si fuéramos capaces de arrancar el velo que limita nuestra visión, las siluetas se definirían para mostrarnos los errores del hombre, las matanzas, el odio, el egoísmo, la bondad y el amor en su estado puro. Como en el mito de la caverna, correríamos a cegados y confundidos a contar a los demás lo que hemos visto, tratando de hacerles entrar en razón. Y sin embargo nuestro cuerpo acabaría sepultado en el suelo del desconocimiento, asfixiado por miles de manos que han preferido aceptar lo que saben que no es cierto.

Seguiré siendo una sombra más en un turbulento mundo de formas distorsionadas, errores y aciertos dogmáticos y párpados anclados.

Espíritu navideño

Ausente. No le queda otra.

Estos días he estado trabajando en una de mis pasiones: la fotografía. He estado frente a imágenes muy duras dada la temática del apartado que tenía que tratar para la facultad: La fotografía de guerra, concretamente la Guerra de Vietnam.
A lo largo de estos días he descubierto varias cosas sobre mi misma. En primer lugar, que si me sumerjo en algo que me gusta dejan de existir las horas, y en un segundo a pasado un día completo. Además, me he dado cuenta de lo poquito que sé de historia y lo mucho que quiero saber. En tercer lugar, me he dado cuenta de lo compleja que es mi sensibilidad, es decir, de como soy capaz de enfrentarme durante horas a imágenes trilladas que de tan vistas pierden su impacto, a fingir que no estoy llorando por ver algo que realmente me ha tocado.

Es entonces cuando me hago la misma pregunta de siempre: ¿Hasta qué punto estoy acustumbrada a la imagen? Veo las noticias a diario y finjo que no pasa nada, aunque odio ver como a una niña Afgana le queman la cara por querer estudiar. Y sin embargo, sólo tengo ideas sueltas del por qué de estas atrocidades. Suena a genocidio en el congo y , si no es por Hotel Ruanda, no sabría nada del conflicto. Y luego me planteo dónde están las imágenes que no se muestran por las connotaciones que traerían con ellas.  Dónde está el límite entre lo morboso y la información real.

He leido sobre la moral que se debe seguir ante distintos casos, y sin embargo apenas puedo plantearme que pasaría si yo fuera la encargada de retratar un asesinato. ¿Qué haría?  ¿Apretaría el disparador, huiría aterrorizada o intentaría salvar la vida del que segundos después no será más que un cuerpo inerte? Supongo que en esa situación primaría el interés por mostrar al mundo qué es lo que realmente pasa, a un mundo que pasa las páginas del periodico como si nada porque no conocen la historia, porque no quieren ver de verdad las muertes en el televisor.

La ceguera

Imagen de Paul Strand

Imagen de Paul Strand

Luna se preguntaba por qué tenía ojos. Por mucho que se esforzara en abrirlos, la perpetua oscuridad de su mundo no variaba. No sabía cómo era ella ni cómo eran sus amigos. No sabía cómo era el presidente de la república española ni conocía las caras de los actores de moda. Como ella, la gran mayoría de la población mundial había perdido la vista. Tan sólo grupos reducidos podían presumir de saber qué eran los colores, ya que la epidemia no había llegado hasta ellos. Ni siquiera en los sueños podía imaginar algo más allá de tinieblas, porque la luz jamás había acariciado su pupila.

Su abuelo le había contado que, cuando él era muy muy pequeño, todo el mundo veía. Le contó la historia como un cuento de final feliz, pero a ella le parecía que era el más triste de todos los cuentos que jamás había escuchado. En el principio, todo el mundo podía mirar a su alrededor, pero no siempre les gustaba lo que veía. Así, los señores mayores que dirigían la política, dejaron de mirar a su alrededor, por lo que los periódicos contaban nada más que lo que los señores mayores les dictaban. La gente de la calle decidió que ellos tampoco querían ver más allá, y decidieron cerrar los ojos un poquito. Luego los señores mayores decidieron que la gente de la calle no debía ver nada porque eso les hacía pensar, y eso provocaba  perdidas de dinero. La gente de la calle cerró un poquito más los ojos. Todos parecían chinitos, y a nadie le importaba lo que no podían ver porque no sabían si era verdad. Se acabaron las guerras y las enfermedades, los problemas de economía y el hambre. Pero la gente de la calle seguía viendo sus propios problemas, así que todos decidieron cerrar los ojos a la vez, y el mundo se quedó ciego.

¿No es triste?

Yo creo que en realidad estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, pero nadie quiere verlo.